Soy del club de las malas madres.

Últimamente me da mucha pereza hablar de maternidad y hacer cosas de madre.
Si os fijáis, ya no suelo escribir cosas profundamente maternales ni suelo reflexionar sobre mi maternidad.
(Así que si estás embarazada de tu primer hijo o esperas ser padre/madre por primera vez, no leas este post. Vete a los que tengo escritos anteriormente).
A partir del segundo hijo, me he declarado oficialmente una mala madre.
Y no me importa admitirlo. 
Soy muy feliz con la vida que tengo, y no me arrepiento de las decisiones que he tomado. Pero sí que es cierto que, como bien dice Samantha Millar, que tanto se le criticó, se pierde calidad de vida.
Con dos hijos, necesitamos el doble de paciencia y mucho  más trabajo. Tengo una buena amiga, que dice que dos hijos no es el doble de faena...sino más!
Voy agotada por las esquinas...y eso que tengo la suerte, de tener muchísima ayuda.  Ahora por ejemplo, después del proceso de buscar colegio para el niño (y como consecuencia también para la niña, ya que ella irá con su hermano cuando le toque). Me he dado cuenta que he vivido el proceso con mucha pereza. Muchísima.
Me aburre tremendamente tener que ir a los colegios. 
No me ha resultando nada fácil por el cansancio, las pocas ganas de estar escuchando y encima, por alguna de las cosas que he tenido que soportar oír.
Queríamos un colegio que sea competente para atender la Diversidad, que le de valor dentro de su proyecto.
Como híbrido madre-profe, se me ponen los pelos como escarpias cuando veo la poca presencia de este aspecto en las jornadas de puertas abiertas. Creo que aún queda mucho camino por recorrer.

Por ello, estoy trabajando en el desarrollo del Proyecto TEAmovida; una apuesta por dar un paso más. Una idea de progreso para lograr pasar del término de Inclusión al de Convivencia. Hablar de diversidad funcional, en lugar de discapacidad. Porque un colegio, a estas alturas del cuento, ya debería ser algo más que ‘Inclusivo’.  El tiempo que le dedico al proyecto, me hace sentir muy bien. 
Han pasado 4 años desde que abrí este blog; este espacio donde he compartido mis aprendizajes…pero sobre todo, mi proceso de desaprender. 
Esta parte es la más complicada de todo este proceso que empezó con mi maternidad.
Aprender a desaprenderme.
Dejar atrás las partes más oscuras de mí ser; para poder avanzar hacia una forma de entender y afrontar mí día a día cogiendo más poder sobre mi misma.
Perdonarme y abandonar la autoexigencia; permitiéndome meter la pata y siendo un poco egoísta. Es un proceso difícil, pero necesario para poder sentirme bien y disfrutar de mi presente, mucho mejor.
Por eso, lo admito: en ocasiones soy ‘mala madre’. En ocasiones interpongo mis intereses a los de mis hijos. En ocasiones me elijo a mí, mis necesidades. Intento dejar de ser mamá, para ser yo misma. Les doy tiempo de calidad y menos cantidad. Les doy ganchitos, para que me dejen estar sentada 10 minutos más. Les dejo ver youtube para poder hablar por whatsapp. Los dejo con los abuelos para irme a cenar, salir o pasear. Y, a veces, lloran un rato; y no me siento mal.
Y así, con todo esto, me siento bien. 
Mucho mejor que unos años antes que pretendí ser imperfectamente perfecta. A costa de mi bienestar.

Soy una mala madre. Y, tú?

Entradas populares de este blog

Clases de preparación al parto en la Seguridad Social.

Hospital Dexeus y seguimiento de mi embarazo.